yoringger

lunes, 21 de febrero de 2011

Fijó sus ojos al cielo y quedó ciega…

Entre el dolor y la desesperación  los recuerdos de Carmín navegaban como un barco a la deriva en un mar de confusiones.

Ayer en la mañana se había levantado para tratar de comprender sí ella era quien cambiaba a través del tiempo o era el tiempo quien hacía de las suyas con su existencia.
Las calles de la nueva ciudad le traían viejos recuerdos  de la infancia, sus amigos, vecinos, su primera bicicleta y su primer beso… ¿Cómo poder olvidar su primer beso? Recuerda que Oliver, su cómplice de  travesuras, tomó su mano y le entregó un papel azul con el beso en su interior, el aroma a rosas que emanaba aquel papel la hacía sentir en el cielo, con su padre.

El retrovisor del vehículo reflejaba la imagen de una joven decaída, con el rostro tan blanco como la nieve, las ojeras tan profundas como el fondo de la fosa de las Marianas, y los labios tan resecos como el desierto de Atacama, la pañoleta  de su cabeza cubría los estragos causados por la guardiana del Hades.

Las viejas riñas entre bandas barriales, las peleas entre vecinos, los viejos visitantes de la noche, los vagabundos  y las mujeres de la vida difícil, ya no frecuentaban las calles de su barrio, como solían hacerlo. Antes las casas sólo eran las trincheras que protegían a los habitantes de la sombra siniestra que acabo con la vida de toda una generación.

Ahora el susurro de las discotecas, el olor de las noches de fiesta y los gritos de la juventud perturbaban sus sentidos, ella quería vivir; pero su estado lo impedía, cada minuto de diversión era igual a una hora de sufrimiento.

En la noche, Carmín había posado su cuerpo en la cama, después de unos segundos  sus manos comenzaron a temblar, su frente sudaba, ya no había dolor… sólo contemplaba el rostro del primer ser que había visto al venir al mundo.
Su madre estaba desesperada, intentaba encontrar el papel en donde había anotado el teléfono del doctor García.

En ese momento, Carmín recuerda  que ella y su madre ya habían ido al hospital del doctor García, ese día,  su madre trataba de secar sus lágrimas; mientras que Carmín intentaba olvidar las palabras del doctor.

Carmín comprendió lo que pasaba y se sentía preparada para el siguiente paso.
A la mañana siguiente cerró sus ojos y volvió a ver.









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